Olvidémonos de los carros voladores

A menos de seis meses del décimo aniversario del lanzamiento del iPhone a manos del legendario Steve Jobs, las personas empezamos a preguntarnos cuándo se dará la próxima revelación tecnológica. El cerebro humano tan creativo y exigente –impulsado por las películas de Hollywood o libros de Asimov– silenciosamente está esperando que el próximo magnate tecnológico se pare frente a un centenar de cámaras y desenfunde el iPhone: un carro volador, un robot con inteligencia artificial, anteojos con computadora, naves espaciales comerciales… la lista es interminable.

En paralelo, está la idea escondida de que la raza humana ya pasó por su época de más grandes invenciones y que en el futuro solo nos encontraremos con mejoras marginales a invenciones anteriores. Nadie sabe con exactitud cuál será el próximo invento que ponga el mercado patas arriba; pero, algo que sí sabemos, es que en las últimas dos o tres décadas hemos presenciado una época descomunal en lo que concierne a las innovaciones tecnológicas-comerciales, que probablemente no tenga comparación en el futuro cercano.

El perfeccionamiento y la comercialización del microchip y la computadora a fines del último milenio dio pie a un mar de innovaciones: laptops, Smart phones y la variedad infinita de aplicaciones (Apps)entre muchas otras. En los últimos años hemos visto cómo el mercado le ‘sacó el jugo’ a la invención de la computadora: la volvió cada vez más rápida y compacta, luego se fueron aprovechando los infinitos usos (en las películas, en el trabajo, para entretenimiento, para transporte privado y público, para educación, de uso médico y de uso militar, etc.).

Es cierto que la frecuencia con que se anuncia un descubrimiento tecnológico deslumbrante ha bajado, pero en ninguna circunstancia ha parado. El sueño del carro volador quizás esté lejos todavía; pero ya comenzamos a ver más y mejores autos eléctricos (Tesla), lentes de realidad virtual, empresas que se dedican a construir naves espaciales comerciales (Space X) y el desarrollo de la inteligencia artificial está acelerándose (¡en Rusia un robot se escapó del laboratorio cuándo olvidaron cerrar la puerta![1]).

En fin, no deberíamos estar a la expectativa de nada, pues el magnate que se para al frente de las cámaras de todo el mundo a revelar la nueva invención no es más persona que nosotros.

Si queremos vivir una nueva etapa de innovaciones rompe-esquemas, depende de nosotros mismos. Además, para encontrar las soluciones adecuadas, primero debemos hacernos las preguntas correctas. Nuestra cabeza se ha quedado hipnotizada con las innovaciones tecnológicas y quizás las innovaciones que el mundo necesita en esta nueva etapa no son tan tecnológicas, sino más sociales.

A lo largo de la historia se han vivido múltiples etapas de invenciones: al inicio eran invenciones primitivas (fuego, lanzas, la rueda…), mucho más adelante la ola de invenciones médicas en el Siglo XVI (anestesia, termómetro, microscopio…), luego del Siglo XVII al XIX vemos una ola de invenciones prácticas (motor a vapor, la estufa, el carro, las vacunas, la refrigerador…), a inicios del Siglo XX se comienzan a ver avances más complejos (comunicación inalámbrica, señales de radio, aviones, televisión, antibióticos…), finalmente a mediados del Siglo XX nos encontramos con la invención de Silicon Chip, los discos ópticos y luego la invención del World Wide Web (WWW) en 1990. Con éstas últimas invenciones despegan las innovaciones tecnológicas de las computadoras de las que fuimos espectadores.

No hay que quedarnos pegados al sueño de inventar el nuevo iPhone. El inventor americano Henry Ford una vez dijo: “Si le hubiera preguntado a la gente qué querían, me habrían dicho que un caballo más rápido”; en cambio, Ford fundó uno de los mayores imperios de automóviles de la historia. Las nuevas invenciones no tienen que ser tecnológicas; hay una infinidad de posibilidades y necesidades. Innovaciones educativas (el Perú tiene un nivel de educación muy bajo a nivel mundial), innovaciones institucionales (¿El seguro médico peruano funciona perfectamente?) o incluso innovaciones políticas (¿El sistema político peruano beneficia al país? Hay quiénes creen que la Democracia moderna no es el mejor sistema político, sino el menos malo). Las oportunidades son interminables.

 Como ejemplo, les dejo dos casos de éxito. La empresa peruana Yaqua que vende botellas de agua y las utilidades las invierte en proyectos sociales para llevar agua a lugares que la necesitan (http://yaqua.pe/page/mision-vision); y la empresa argentina-americana Toms que por cada par de alpargatas que vende, regala otro par a una persona que lo necesite (http://www.toms.com/improving-lives). Estas empresas no han inventado un carro volador, sino han innovado socialmente y han creado una empresa sostenible con beneficios privados y sociales.

[1] http://www.popularmechanics.com/technology/robots/a21375/russia-robot-escapes-lab/

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